Es sabido que ningún texto es completamente neutral, no existe la objetividad o neutralidad absoluta. Marc Milà no es la excepción y aunque no lo señale claramente, en las páginas de su libro se dejan traslucir sus preferencias. En efecto, probablemente por el tipo de fuentes que utilizó (las de la prensa abierta), esta biografía de los Sacerdotes, aunque en su portada salga solo su vocalista, lo que aparece a todas luces como una injusticia, se apega a la versión de la historia de Downing, Tipton y Hill, más que a la de Rob Halford. Este último aparece como el responsable de la cuasi desaparición de la banda a principios de los noventa. La crónica de la separación del núcleo vital de los Priest es la parte más llamativa del texto. En ella se configura la imagen de una banda golpeada por el juicio que se llevó en su contra en Estados Unidos por el caso de dos jóvenes suicidas, a fines de los ’80, supuestamente impulsados a ello mientras escuchaban el “Sad wings of destiny”; que a pesar del éxito de “Painkiller”, cada vez se hacía más necesario para su vocalista, el “Metal Gods” Rob Halford iniciar una trayectoria solista. En esta coyuntura crítica, el vocalista decide romper la banda e inicia un largo silencio de 7 años con sus amigos de toda una vida, solo quebrado por hostiles declaraciones de prensa. Cual “angel caído”, Halford llegó a declarar el fin del metal. De esta manera, el autor eleva a la categoría de verdaderos sostenedores del grupo a Tipton y Downing, que siguieron enarbolando las banderas del metal pesado. Por el mismo motivo, el polémico sucesor de Halford, el norteamericano Tim Owens también se le dispensa un buen trato, pues su compromiso con el proyecto Judas Priest, señala el texto, habría sido fundamental para asegurar su continuidad. Como especie de retorno desde el infierno, Halford restablece su relación de amistad con Hill y el dúo de guitarristas y poco a poco se inicia el camino del retorno a la banda. Siempre en base a su estilo reacio a los adjetivos calificativos, Milà da a entender que Halford recapacitó y recuperó el “buen camino”, al lado de sus compañeros de toda su vida. Para los fanáticos de la voz de Priest, el autor omite casi completamente sus discos como solista, no sabemos por si restarle valor o por el solo hecho que no llevaban la marca “Priest”. De esta manera, Halford aparece protagonizando una larga travesía del desierto, renegando de la música que lo convirtió en un ícono para millones de seguidores, pero redimiéndose de sus culpas al volver al cubil que lo vio convertirse en leyenda.
Con todo, no queremos dejar de apuntar las debilidades del libro. Lo primero es señalar que se extrañan fuentes originales, que hubiesen permitido complejizar capítulos fundamentales de la historia de los Priest. Por ejemplo, si bien se menciona la afición al alcohol y las drogas de Halford durante los ’80, cuando lo apremiaba su oculta homosexualidad, pareciera que el resto eran abstemios. Poco o nada se nos informa de la vida personal de los integrantes de la banda, de sus esposas, de sus hijos, de sus motivaciones, quedando reducidas sus vidas a su labor en Judas Priest. La única excepción es la mención de la larga enfermedad y muerte del padre de Glenn Tipton, a principios de la década de 2000. Sabemos que la existencia humana es multidimensional y no es posible explicarla unívocamente. Por este motivo, se extrañan entrevistas a los integrantes del grupo o de gente de su entorno, que sin dudas hubiesen enriquecido el texto. Por otra parte, se insiste en demasía en detallar las giras de la banda. Minuciosamente, se menciona lugar por lugar, pueblo por pueblo que recorrieron las extensas giras de Judas Priest. Ayuda a comprender la importancia del éxito en Estados Unidos para consolidarlos como referentes del metal, pero a ratos parecen majaderas tantas especificaciones. Por último, es una muletilla innecesaria para una obra que pretende ser leída por un público amplio y no solo catalán, que el autor nunca hable de “España”, sino de “Estado español”.
Sin embargo, estimamos que estas críticas deben balancearse con el carácter de esta obra, escrita por un fanático y no una persona proveniente del entorno de la industria musical. Por sobre todo, destacamos que Marc Milà demuestra que siendo un out siders, es posible construir un texto serio, riguroso, universal, que cualquier amante de la música disfrutará.
Weichafe